Sobre nosotros
La casa se construyó en 1743 para un viticultor de la ciudad. Ha conservado su patio empedrado, su escalera de madera y la sala abovedada donde se prensaba, hoy convertida en el comedor del desayuno.
Cinco habitaciones, ni una más, porque más allá ya no se sirve el desayuno en la mesa. Hélène Kessler la lleva desde 2019, tras quince años en hostelería. La limpieza, la acogida y la cocina de la mañana las hacen dos personas, siempre las mismas.
El casco antiguo está a cuatro minutos a pie, la estación a doce, y la ruta del vino empieza a la salida de Colmar. Prestamos las bicicletas, guardamos su equipaje antes de la llegada y después de la salida, y le diremos con franqueza qué restaurante merece el paseo y cuál ya no.